Desde hace un par de días, veinticuatro.

Una cifra compuesta por los detestables dos y cuatro, que no hay por dónde cogerlos, que convierten al vigésimo cuarto de la fila en un número tan par y divisible entre tantos otros, que duele hacer cálculos.

Veinticuatro. Hasta la sonoridad es pésima. 

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Pero en fin, qué le vamos a hacer, el tiempo corre y nosotros con él, se cumplen años, se celebra y continuamos con nuestras vidas. A por la siguiente cifra, que para mi suerte, será impar la próxima vez

Hay gente que aprovecha el final del año –casi toda la gente– para hacerse promesas, configurar listas o proponerse cosas y comenzar con ellas justo al día siguiente, o cuando haya pasado la resaca, que para el caso, es lo mismo. Pero yo soy más de objetivos a corto plazo, de metas claras y ciclos cortos. Además, soy una loca de las listas, de esas a las que después, según vas cumpliendo, les pones tics. Así que justo después de ser coronada con el horrible veinticuatro, abrí la moleskine y configuré los siguientes propósitos u objetivos para este año:

1. Ser más tolerante con los número pares.

2. Perder el miedo a pasar sobre alcantarillas y rejas de ventilación. (Sí, no pongáis caras raras.)

3. Ser más positiva.

4. Sonreír más, porque aunque a veces lo parezca, los motivos para hacerlo no escasean.

5. Prestarle menos atención a las cosas que no la merecen.

6. Hacer planes, llevarlos a cabo.

7. Hacer de una vez las cosas que garabateamos en la estantería hace ya casi un año, básicamente porque escribimos con edding, y tanto si las hacemos como si no, de ahí ya no se mueven esos números: lista_n

8. Escribir más.

9. Escribir mejor.

10. No mirar atrás si no es necesario.

11. Soñar más.

 

 

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