Los planes de entrenamiento, así como los horarios, las agendas, programaciones y demás, son ideales. Y como sucede con todos estos fantásticos elementos, se programan o establecen en base a un escenario estable –ideal– en el que no se tienen en cuenta una serie de factores variables como pueden ser el mal tiempo, las enfermedades crónicas o puntuales, las llamadas telefónicas no previstas o cualquier otra historia para no dormir, como la vagancia extrema, por ejemplo. Eventos arbitrarios que, de un modo u otro, terminan colisionando contra nuestros idealizados planes sin que podamos hacer demasiado por remediarlo.

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Es lo que hay, amigos. La realidad golpeará con contundencia y rotundidad, una, dos y hasta tres veces –las que haga falta– tu superficie de trabajo. “¿Pero tú quién cojones te has creído que eres?”, te dirá mientras te sostiene la mirada con dureza y revuelve todos los papeles que habías colocado con esmero sobre la mesa. “Aquí la única que planea y planifica soy yo, ¿me oyes?” Lo tirará todo al suelo, escupirá con desdén y se largará por donde ha venido. Así es ella cuando se pone borde. Sí, sí, a mí no me mires, algo habrás hecho para mosquearla…

Y como buenos humanos que somos, resignados, buscaremos la forma de adaptarnos. ¿Qué otra cosa nos queda? Porque, con lo que ella no cuenta, es que en cuestión de minutos, frenéticos e inquietos como somos, moveremos cielo y tierra hasta dejar las cosas más o menos como estaban antes de que llegara y lo desbaratara todo.

“Veamos, hoy no puedo salir a correr porque tengo una reunión a las 9:00AM en Mordor, después como con Fulanito y tengo que estudiar por la tarde… Dios, el examen del Lunes… Bueno, ya pensaré en eso más adelante. Entonces… ¿Por la noche? No, no. Hoy no duermo en casa y el fin de semana me voy de viaje, así que…”

Sacas la App correspondiente. Frunces el ceño. Mueves el dispositivo arriba y abajo. Te muerdes el labio. Sale humo y saltan chispas; del teléfono, de tu cabeza.

“¡Claro! A ver, si son cuatro entrenamientos por semana, si esta solo hago tres, la semana que viene TENGO que recuperar, con lo que hacen cinco. Entonces salgo a correr el lunes antes del examen, y después martes, miércoles, el jueves no, que tengo otra reunión y termino con viernes y sábado, ¿no?” Un último vistazo al calendario, por si acaso. “Eso es, sí señora. Listo.”

Toma ya. Bailas al ritmo de samba brasileira en tu cabeza. Lo has conseguido, has vencido a la molesta e inoportuna realidad, a los factores externos también, si quieres. Bravo.

Pero cuidado, porque al terminar la semana, mientras buscas dónde sentarte porque el gemelo amenaza con desgarrarse de un momento a otro, te preguntas si no habrás forzado la máquina.

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