La mayoría de libros, aunque no lo sepas, suenan.

Ya sea porque nosotros ponemos la melodía que a ellos les falta o bien porque ya viene impuesta, impresa entre sus páginas, pero sea como sea, cada historia, poema, relato y novela, suena. Estoy segura de que ningún escritor es capaz de escribir más de doscientas páginas sin escuchar una pobre canción, y lo que es más, sin caer en la tentación de hacer referencia a ella.

Platón afirmaba que la música era para la mente lo que el ejercicio al cuerpo y Nietzche iba más allá, asegurando que sin música, la vida sería un error. Para Cervantes, cuando aun no existía el mp3, la música ya era indispensable pues ésta aliviaba los trabajos que nacían del espíritu. De la misma forma, para Victor Hugo, pensaba que la música expresa aquello que no puede decirse con palabras pero no puede permanecer en silencio.

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A mí, personalmente, cuando una novela menta una canción, se me ilumina la cara. Si la conozco bien, pero si no, si me descubre algo nuevo y excitante, mejor. Es como si el aura que ya de por sí envuelve a un libro, se extendiera aun más y más lejos, envolviéndome no sólo a mí sino alcanzándolo todo; la habitación, las paredes, los armarios, todo. No sé si con este pequeñísima muestra de mis tres bandas sonoras de libros preferidas os descubriré algo nuevo o no, pero sea como sea, aquí está:

1. Diario de Golondrina, de Amelie Nothomb

La pérdida de un gran amor, el bloqueo de las emociones , el descubrimiento de que no hay vuelta atrás, de que no hay salida cuando caes en picado y te das de bruces contra lo más bajo. Y después, la música de Radiohead, que inesperadamente, despierta algo. Pero no necesariamente bueno. Al principio, asesina por encargo, más tarde, comienza a elegir las víctimas al azar. Los días, cortos y lentos, o largos y rápidos se suceden así, sin sentido y con Amnesiac hasta que un día, de forma igualmente inesperada, se enamora.

Indefectiblemente, tendré que volver a hablar de este libro. De por qué es tan bueno, tan especial para mí y cómo, en cierta manera, me salvó la vida igual que al protagonista la música de Radiohead.

2. Chica Fantasma, Tonya Hurley

Narra la historia de Charlotte Usher, la chica más impopular de Hawthorne High, que moría por el chico de sus sueños hasta que, en efecto, murió de la forma más ridícula posible.

Vale, ya lo sé. No fue, es, ni será el mejor libro de la historia. Soy consciente. Pero antes de que os pongáis a lanzarme piedras, que tire la primera el que no haya leído nunca algún bestseller para adolescentes de características similares. ¿Más tranquilos? Bien. Continuemos.

El libro, público objetivo al margen, está bien escrito y se aleja de pretensiones petulantes. De hecho, es bastante ácido y el humor negro que rebosa cada página tiene la capacidad de arrancarle una sonrisa a cualquiera, sea cual sea su edad. Además, la edición es una de las más cuidadas que he visto nunca (un derroche de billetes, por descontado). Pero lo mejor, sin duda, es la música; Dead Cab for Cutie, The Cure, Belle and Sebastian, Lou Reed, y un largo etc. que ensalzan el buen gusto musical de la autora.

3. Los años de peregrinación del chico sin color, Haruki Murakami

A través de una estructura temporal magníficamente construida, Murakami narra en su última novela la historia de Tsukuru Tasaki, un ingeniero apasionado de las estaciones de tren, que tras retomar su vida después de una gran crisis producida en su época universitaria y ya en la treintena, inicia una relación con una mujer que le empuja a tomar la decisión de que para avanzar en su vida, debe solucionar antes los problemas que le atormentan desde su juventud.

Como suele ser habitual en el autor, hila de una forma tan sutil como brillante la historia con ‘Années de Pèlegrinage‘, de Franz Liszt, se inicia la peregrinación de este chico sin color. Murakami menciona varias veces durante la novela la pieza de la primera suite ‘Le mal du pays’, especialmente simbólica por las alusiones a lo melancólico, los recuerdos de tiempos pasados y del lugar de procedencia.

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