Si trabajas más de ocho horas al día. Si dices siempre que sí. Si por la noche sigues pensando en ellos, en esto o en lo otro. Si los fines de semana no los dedicas a leer, a pasear, al cine, a disfrutar de un concierto, una exposición o de una buena obra de teatro. Si cada vez ves menos a tu pareja, amigos o familia….

Si antes de responder al teléfono necesitas respirar un par de veces y al contestar, respondes con los ojos en blanco…. Si cada día que pasa, estás más y más cabreado. Con ellos, contigo, con el mundo en general…

Plantéate qué narices estás haciendo, porque tal como dicta la lógica proposicional, si p entonces q. Es decir, que si ha estado lloviendo, el suelo se habrá mojado. Cosa de lógica.

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La primera cita

Cuando comenzamos un proyecto, del tipo que sea, personal o profesional, casi sentimos que tenemos super poderes. La vida sigue siendo una mierda, pero igual que cuando nos enamoramos, no somos capaces de verlo porque la ilusión que nos embriaga todo lo puede. Pensamos que con ella de la mano, el tiempo, la fuerza física o mental y el resto de personas con las que tengamos que lidiar, no nos supondrán limitaciones de ningún tipo a la hora de alcanzar nuestros objetivos.

Y como en el amor, y en ciertos tipos de relaciones malsanas, dicha ilusión y arrebatadora positividad, nos empujarán a sonreírle a la vida. Y a las putadas. Y a los abusos. Llenos de energía diremos a todo que sí y aceptaremos todo tipo de encargos/trabajos/pedidos/tareas. Enérgicos, sortearemos obstáculos y, con casi toda seguridad, nos sobrecargaremos de trabajo. Pero aunque cansados y algo malhumorados, nos sentiremos triunfadores y todavía optimistas, porque trabajamos para nosotros, por algo nuestro y quizá, eso tenga más valor que nada en este mundo, ¿verdad?

Bueno. A diferencia del lógico si p entonces q, esto sí es discutible. Por que si el medio empieza a no justificar o a no compensar el fin, puede que el fin en si mismo esté comenzando a perder su sentido original. Si todo empieza a estar mojado, quizá sea el momento de replantearse las cosas.

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Coge un paraguas, maldita sea

Si llueve, te mojas. A menos que saques a tiempo el paraguas. Y para poder sacarlo, hay que tenerlo claro y echar mano de esa cualidad tan misteriosa que todos escondemos y que a menudo se nos escapa: la asertividad.

La asertividad se refiere a la capacidad de tener seguridad en uno mismo para poder decir que no cada vez que sea necesario. No se trata de que nos convirtamos del día a la mañana en unos egoístas –los egoístas nos gustan tanto como la canción del anuncio del antes y el después–, sino de encontrar un equilibrio entre dos extremos sumamente perjudiciales: el siempre-sí y el siempre-no.

screen-476405_1280A pesar de lo que piensa la inmensa mayoría, decir no, no sólo no es malo sino que es positivo, razonable y saludable. No te convertirás en un ogro ni en ministra de sanidad, tranquilo.

Los derechos, el tiempo y en definitiva, los recursos de los demás son tan importantes como los nuestros y por eso hay que intentar ser asertivos y determinar en qué momentos debemos negarnos y en qué momentos aceptar y ceder. Se trata, ni más ni menos, de saber defender nuestros derechos y objetivos sin intención de herir o perjudicar a nadie.

Asertivo, ¿se nace o se hace?

Andrew Salter definió la asertividad como un rasgo de personalidad que algunas personas poseían y otras no. Tiempo después, investigaciones mediante, se llegó a la conclusión de que casi todo el mundo podía ser asertivo en algunas situaciones y absolutamente ineficaz en otras. Por tanto, se puede decir que ambas respuestas son válidas: asertivo se nace y se hace:

  • Es fundamental, como para todo en esta vida, que te conozcas. Desde el dedo gordo del pie hasta la punta de la nariz, pasando por lo más importante; tus principios. Así sabrás con toda seguridad por dónde estás dispuesto a pasar y por dónde no, así como qué deseas realmente y qué no.
  • Prioriza y dale valor a lo que realmente tiene: tú y tu tiempo. Tu proyecto, que es tuyo, –o vuestro–, y de nadie más.
  • Ten criterio y no intentes razonar con quien no atiende a razones. A menudo darás con gente que ni avanza ni te permitirá avanzar y es importante que vuestros caminos se crucen lo más brevemente posible.
  • También, a veces, trabajarás con personas que pedirán y pedirán y pretenderán que el trabajo sea desinteresado. Pues bien, a los que piden sin ofrecer nada a cambio, que les den, pero bien. Si no valoran tu esfuerzo, trabajo y dedicación. Si piensan que escribir/ilustrar/diseñar/equis lo hace cualquiera y en dos segundos, sinceramente, que lo hagan ellos.
  • Por último, olvídate del miedo y de la sensación de culpabilidad cuando te niegues a hacer algo. Si tienes claros tus fundamentos, tendrás claro por qué no quieres o puedes hacerlo y la culpa y el miedo se difuminarán como el humo de un cigarro que se apaga solo.

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