johnnySuena el teléfono y Virginia se despereza. Sonríe al ver el nombre de su amiga en la pantalla del móvil y contesta.

Virginia: Buenos días, compañera.

Ana: Hola, hola. ¿Cómo va?

V: Bien, bien. Ya en casa, ¿y tú?

A: Bah, como siempre. Pero bueno, vamos a lo que vamos, que no tengo todo el día, cuéntame qué tal en el sitio ese. Tus mensajes sonaban alarmantes.

V: ¿Alarmantes? Qué va. En general podríamos decir que una pasada, tía.

A: Quién lo iba a decir.

V: ¿Por?

A: Hombre…”Noches de Bohemia y de Ilusión 2014, Festival de Artes Escénicas”, no sonaba muy apasionante, la verdad.

V: Bueno, ¿quieres que te cuente, o no?

A: Sí, sí. Sorpréndeme, ¿qué me he perdido?

V: Pues nada, al final vino Jorge conmigo. Fuimos en su coche. Y bueno, muy chulo el sitio y todo. Montaron los escenarios en la calle, había carpas, luz, sonido, muy bonito todo. Y la recepción brutal, ¿eh? Alcohol a mares, te hubiera gustado. ¡Y el hotel al lado!

A: Hombre, Virgi, es que en Villatorrijos de Abajo, pues no sé, digo yo que estará todo pegado, ¿no?

V: Sí, bueno, más o menos. Pero el pueblo super bonito también, eh, no vayas a creer.

A: Ya, ya. Imagino. Todo precioso.

V: Pero bueno, la cosa, el quid de la cuestión y del fin de semana es lo siguiente. ¿Estás sentada?

A: Mmm más o menos.

V: Bueno, pues siéntate en condiciones, que vas a flipar.

A: Venga.

V: Vale. A ver, pues aquella noche, para abrir el festival, había un gran estreno, uno así como muy importante, ¿vale? Con su photo-call, su alfombrita roja y toda la pesca. La obra se llamaba “No puedes hacer nada para cambiarlo”, y aunque no nos convencía demasiado, pensamos que habría estado feo no ir, así que fuimos.

A: ¿Y qué tal?

V: Pues de lo más rara. Como si la hubiera escrito Almodóvar y dirigido Gus Van Sant, no sé si me captas.

A: Puta movida, ¿no?

V: Exacto. La locura. Pero bueno, espérate, que en un momento dado, sale un actor a escena, vestido como de cura o qué sé yo y claro, me llama la atención y me fijo en él, a esto que me digo: “¡Joder! ¿Tengo las gafas llenas de mierda o es Johnny Depp ese cura?”

A: Tendrías las gafas hasta arriba de mierda.

V: ¡Pues no!

A: Tía… ¿qué me estás contando? ¿Johnny Depp en Villatorrijos vestido de cura? ¿En serio?

V: En Villatorrijos de Abajo, exacto.

A: Joder. Bueno, ¿y qué?

V: Pues nada, que ni corto ni perezoso, como a dos minutos de terminar la obra, se debe rallar o algo y baja del escenario atravesando la platea como alma que lleva el diablo. Un canteo, ¿no?

A: Ya ves.

V: Y baja el telón, aplausos, etc. Todo el rollo. Y bueno, la gente está como si nada, así que no le doy mayor importancia.

A: Ahá…

V: Jorge conocía a un tipo que había por allí, así que se quedaron hablando y tomando algo y yo decidí dar una vuelta y terminé en el bar del hotel. ¿Adivinas quién estaba allí?

A: No me lo digas…

V: ¡El puto Johnny Depp!

A: Le pedirías un par de autógrafos al menos, ¿no?

V: No exactamente.

A: ¿Entonces?

V: Me senté con él.

A: Con dos ovarios.

V: Yo que sé tía, me dio pena. Estaba solo y… no sé, como muy acabado, ahí, delante de un vaso de whisky, ¿comprendes?

A: Sí, bueno… Más o menos. Pero flipo. Mucho. En fin, vale. Ok. Sigue; te sentaste con él ¿y qué? ¿de qué hablasteis?

V: Pues nada, de la obra aquella de mierda sobre todo, y de su carrera y eso. Me contó que creía que estaba perdiendo el norte, que no sabía que estaba haciendo con su vida y tal.

A: Joder. Vaya tela. ¿Y tú que le dijiste?

V: Le di la razón, básicamente. Le comenté que no había visto sus últimas cuatro películas y que, a decir verdad, las cuatro anteriores a esas habían resultado ser una auténtica mierda…

A: ¡Pero, Virginia!

V: Ya, bueno, lo siento. ¿Qué iba a hacer? ¿Mentirle con la cara de pena que llevaba? No hombre, no. Pobre.

A: Madre mía, madre mía… Y qué, ¿qué te dijo él?

V: No mucho, se puso un poco raro a partir de ahí.

A: ¿Raro?

V: Sí. Ojos de cordero degollado. Sobón… Raro, tía, raro. Y bueno, después de un rato, pues… me besó.

A: ¿Que te besó?

V: Sip. Y yo a él, claro.

A: ¡Virginia! ¡Joder!

V: Tía, yo que sé. Daba pena y eso, pero es que esa voz le da un aire tan jodidamente sexy al condenado que… En fin. Así que bueno, nos terminamos enrrollando un poco en el bar, me dio las gracias por haberle escuchado y me despedí de él tranquilamente.

A:

V: ¿Ana?

A: Muy heavy, tía. Muy heavy. Extremadamente heavy.

V: Ya, bueno. Cosas que pasan…

A: ¡Hostia puta! ¡¿Y Jorge?!

V: Pues…

A: Porque conociéndote, se lo contarías, ¿no?

V: Sí, claro. En seguida, además.

A: ¡Madre mía, madre mía! Que liada… Aunque bueno… Si es Johnny Depp, no son cuernos, ¿no?

V: Eso mismo le dije yo.

A: ¿Y qué te dijo?

V: Joder, ¿tú que crees? Me mandó al carajo y fue a buscarle para partirle la cara.

A: Vaya… ¿y se la partió?

V: Y tanto si se la partió. Vasos, mesas, todo a tomar por culo. Un desastre, un puto desastre. Nos echaron del hotel a los tres.

A: Joder… Todo por cuatro besos tontos con Johnny Depp.

V: Bueno, todo por haber sido sincera con él, en realidad.

A: Y con Jorge.

V: Sí.

A: La sinceridad está sobrevalorada.

V: Totalmente.

A: Y… ¿qué pasó después?

V: Poco más. Jorge cogió el coche y se fue sin mediar palabra. Llevo ya tres días sin saber de él. No coge el teléfono ni contesta a los whatsapps ni nada, creo que me ha bloqueado, así que… fenomenal.

A: Vaya tela… ¿Y cómo volviste?

V: Con Johnny, en su coche.

A: Que working class, ¿no? Johnny Depp con un coche alquilado.

V: No, no. Con su coche.

A: ¿Tiene un coche en cada país o cómo?

V: Mmm no que yo sepa.

A: Ahá… Y te dejó en Madrid y se fue al aeropuerto, ¿no? Porque por lo visto la semana que viene empieza el rodaje de Into the Woods.

V: ¿Quién? Pero, ¿qué dices? ¿de qué hablas?

Silencio.

A: Virginia. Dime que estás hablando de John Christopher Depp II, actor, músico, productor y pintor estadounidense, ganador del Oscar al mejor actor por su papel en Swenney Todd, y dime que no me has tenido media hora al teléfono por nada. Por favor.

Silencio.

A: ¡¡Virginia!!

Virginia se ríe de forma desenfrenada.

V: Tía, ¿pero tú estás loca? ¿Qué mierda iba a hacer el verdadero Johnny Depp vestido de cura en Villatorrijos? ¡Hablaba de su doblador! Si ya sabes que nunca me acuerdo de su nombre

Ana bufa desesperada y cuelga el teléfono furiosa. “Actor de doblaje, prefiere él”, piensa Virginia mientras se encoge de hombros y vuelve a echarse en la cama.

Luis-Posada

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