En un momento como este, en el que en el Parlamento Europeo se debate la importancia de los derechos humanos sobre la recuperación económica o viceversa, el pasado miércoles recogía Denis Mukwege el Premio Sájarov para la Libertad de conciencia.

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El nombre del premio hace honor al físico y activista soviético Andréi Sájarov, y se concede cada año entregándose alrededor del 10 de diciembre, día en el que se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Desde su origen, el Premio Sájarov se ideó como un medio para homenajear a personas u organizaciones que dedican sus vidas o acciones a la defensa de los derechos humanos y las libertades.

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En el caso de Mukwege, no podría haberse concedido de forma más acertada (y apropiada), dada la agitación que se producen hoy en día –pero en realidad desde siempre–, en torno a la mujer, nuestro cuerpo y el conocimiento del mismo, nuestra fortaleza y nuestras decisiones.

Denis Mukwege, ginecólogo mongoloño, fundó el Hospital Panzi en Bukavu (República Democrática del Congo), en el que trabaja desde hace años especializado en el tratamiento de mujeres y niñas violadas por las fuerzas rebeldes. Mukwege, defensor de la mujer, de sus derechos y de la importancia de que éstas los conozcan, ya ha tratado a varias miles de mujeres desde la guerra de 1998 en el Congo, a algunas de ellas más de una vez, y ha realizando hasta un máximo de 10 cirugías al día, durante sus 18 horas diarias de trabajo. Porque aunque oficialmente se considere como acabada la guerra en el Congo, el conflicto continúa.

“El cuerpo de la mujer se ha convertido en un campo de batalla y las violaciones en un arma de guerra. Las consecuencias son múltiples y tiene un impacto sobre el conjunto de la sociedad. La familia se desintegra, el tejido social se destruye, la población se reduce a la esclavitud o simplemente se ve obligada a exiliarse, dentro de una economía en gran parte militarizada.”

Este año, además, y también a colación de Sájarov 2014el Parlamento Europeo te escucha. O eso dicen ellos. Mediante el hashtag #SofáSajarov vía twitter y la página web creada para el evento, la plataforma europea pone a disposición de los ciudadanos una serie de portales y redes mediante las cuales expresar sus opiniones, hacer consultas e incluso debatir propuestas –todas ellas en relación con los derechos humanos– que, teóricamente, más tarde se debatirían en el parlamento.

http://www.pedecide.eu/

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Yo, desde aquí y desde mi escepticismo, os animo a participar. Porque si bien es cierto que la medida en la que puedan llegar a escucharnos es muy discutible y, sobre todo, muy relativa, también lo es que si incluso con los medios para ser partícipes del proceso, no lo somos, mala excusa tenemos. Quejémonos, sí, pero hagámoslo con fundamento. Defendamos nuestros derechos y de los que no pueden hacerlo. Gritemos y pateleemos también, peguemos un par de puñetazos al aire si hace falta, pero que nadie pueda decirnos que no utilizamos las vías pertinentes, que no lo intentamos, que no hicimos lo que creímos correcto.

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