indiana-jones

Las 10:00Am. Sara y Alba, como otra treintena de estudiantes de las facultades de filosofía y humanidades, deberían estar sentadas en el Aula Magna de la universidad, recibiendo una interesante clase magistral titulada Miedo, civilidad y consenso. En vez de eso, sentadas en el cesped que rodea el edificio de la facultad de derecho, y al abrigo de la fachada trasera de ésta, fuman con cierto aire de desidia hasta que alguien llama la atención de Sara en la acera de enfrente.

Sara: ¿Quién es ese?

Alba: ¿Quién?

S: Ése, joder. El tío ese con el sombrero raro, el que se está encendiendo el piti.

A: ¿El del Fedora?

S: ¿El Fe-qué?

A: El sombrero, que no es tan raro; es un Fedora. Cómo el de Indiana Jones, ya sabes.

S: Sí, bueno, lo que tú digas. Pero no te he preguntado por el puto sombrero, ¿no? ¿Quién es?

A: No sé cómo se llama, algo así como Peter o Paul… Es extranjero. Viene mucho por aquí, eso sí. Aunque nunca le he visto entrar en ninguna clase.

S: ¿No estudia aquí, entonces?

A: Ni idea. Parece ser que vino de Erasmus hace un par de años. Estudia filosofía, así que imagino que habremos compartido profesores incluso. 

S: ¿Pero sí o no?

A: Tía, yo que sé, que haya venido a un par de clases hace siglos y que se mueva por el campus tampoco es que le vayan a asegurar un titulo con honores, ¿no? Pues eso.

S: Bueno, ya.

A: La cosa es que tenía –y tiene– fama de traficante, así que es de suponer que se metiera en algún lío y le expulsaran en algún momento.

S: Ya… ¿Traficante? Ni yonki, ni nada parecido, sino traficante, ¿hablas en serio?

A: Yo qué sé. Rumores, ya sabes.

S: Pues no sé, a mi me parecen gilipolleces. No tiene pinta de traficante.

A: ¿Ah, no? Vaya. ¿Y qué pinta se supone que tiene que tener un traficante? Negro, con chandal, gorra con algún mensaje amenazante o así, cadena de oro, un porrito en los labios y si puede llevar una pipa en el pantalón, mejor que mejor, ¿no?

S: No seas idiota, anda. Además, si no va a entrar a clase, ni a la biblioteca, ni nada, ¿qué hace aquí? ¿Eh?

A: ¿Pues no te lo estoy diciendo? ¡Que es un puto camello! Digo yo que si pasaba lo que fuera por aquí, con toda probabilidad, lo seguirá pasando. Y con toda lógica, a eso habrá venido, tendrá sus contactos en el campus, ¿no?

S: Pero, vamos a ver, ¿por qué tienes que hablar así?

A: ¿Así cómo?

S: Pues así, joder, a lo tonto, sin saber. Tienes un peligro tú…

A: Oye, que yo sólo te cuento lo que he oído por ahí. Tú eres la que has preguntado. Esto es lo que sé y esto es lo que hay. Y con toda probabilidad, el tal Peter-Paul este, sea un camello. Te guste o no.

S: Pues a mi me parece un tío interesante, qué quieres que te diga.

A: ¿Interesante?

S: Sí, no sé. Con esa ropa, ese… Fedora de los cojones, esa expresión, la manera de encenderse el cigarro…

A: Madre mía… Lo que hay que oír.

S: ¿Qué pasa?

A: Javi, mi amigo, el que estudia ciencias de la información, le conoce.

S: ¿Y?

A: Pues que puede presentártelo, o darte su teléfono. Si lo que te va ahora es ese rollo de tío pasado…

S: ¿Su teléfono? Qué dices, paso.

A: ¿Por qué? Dices que no es un camello, que son gilipolleces. ¿De qué tienes miedo? Seguro que es tierno como el pan.

S: ¿Miedo? De nada, de hacer el ridículo, en todo caso.

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