como toda la vida

Llueve sin parar. Llueve sin ganas pero con infinita paciencia, como toda la vida, y sin darnos cuenta, poco a poco ha empezado a calarnos.

Hace frío también, casi hiela, pero por lo que a nosotros respecta, ya podría desatarse un temporal que nada podría movernos de esta terraza.

No ahora que empezamos a vernos tal como somos, como decíamos que éramos.

Siempre destacamos entre el resto por nuestra elocuencia, por la avidez con la que consumíamos fantasías, ¿recuerdas? Era como si las historias vinieran a nosotros y no tuviéramos que hacer gran esfuerzo por transformarla en palabras, en aventuras. Por convertirlas en nuestras, en nuestra vida. Quizá por eso termináramos eligiéndonos el uno al otro, para tener siempre a mano una historia que escuchar, un libro abierto, un cuento en el que refugiarse.

Pero con los años el tiempo cambió y nosotros con él. Y ahora… Ahora no deja de llover, con infinita paciencia, como toda la vida, esperando a que, de una vez, echemos a nadar entre el aguacero.


«Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida, llueve sobre la tierra que es del mismo color que el cielo, entre blando verde y blando gris ceniciento, y la raya del monte lleva ya mucho tiempo borrada.» Mazurca para dos muertos, Camilo José Cela

Anuncios