Seguramente, ya habréis tenido la mala suerte de, mientras esperabais en la parada de un autobús, daros de bruces con alguna marquesina endulzada con alguna de las nuevas publicidades de Chupa Chups, dando como resultado un sonoro y contundente «¿pero qué co***es?».

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Resulta que la compañía, propiedad de Perfetti Van Melle (Mentos, Meller, etc.), ha decidido darlo todo en esta última campaña y hablar directamente a su público objetivo menos objetivo; jóvenes entre 6 y 18 años y un bajo nivel de alfabetización. Este último dato de segmentación lo aporto yo misma, dado que la campaña ideada por la empresa de publicidad La Fábrica de Sombreros, cuyo lema reza “Por un mundo menos serio” y propone al producto como foco de la campaña, que mostrado en tamaño kingsize, es acompañando en cada vídeo o imagen por un eslogan repleto de faltas de ortografía. Según los creativos: “son frases divertidas y con algunos errores ortográficos que tienen la intención de añadir un punto de humor a las creatividades”.

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No sé vosotros, pero yo aquí contemplo varios problemas. El primero de todos, y quizá el más visible y nocivo es el que comentaba al principio, lo deleznable que resulta que una marca como Chupa Chups, cuyo target son principalmente niños y preadolescentes, uno de los sectores de la población más influenciable, trate de acercarse a su público objetivo a cualquier precio sin reparar ni un solo segundo en las consecuencias reales de semejante campaña. El target de Chupa Chups no necesita ser premiado por no saber hablar; necesita que les enseñen a hablar y a escribir, apoyando la labor de las escuelas y otros órganos, precisamente por medios tan cool como lo es, por ejemplo, una campaña de publicidad tan estética como esta.

Por otro lado, se me antoja bastante problemático, y ofensivo, que el eslogan de marras “Por un mundo menos serio” lleve implícita la lección de “la ortografía es un coñazo, pasa de ella, a saco”tumblr_nhrcj37jnP1tth89xo1_500

En una sociedad en el que cuarenta cerebros se achicharran cada segundo con cosas como esta y críos y adolescentes aprenden y adoptan antes palabras y expresiones como jukiao, burlao, kea, desemar, etc. –y podría seguir así hasta que me sangrara el alma, pero para qué–, quizá deberíamos preguntarnos, en general, qué estamos haciendo y qué estamos consintiendo.

Si la sociedad tiene la obligación moral de ser mejor que el individuo, los gobiernos, instituciones, marcas y empresas que la componen, también deberían tenerla.

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