No sonreías demasiado cuando te conocí, quizá por eso me intrigaste tanto. Solías llegar siempre tarde, amparado en tu metro noventa de altura, tu cara de sueño y tus ojeras, como un gran oso panda. Nos reconocimos con la mirada, como un par de nómadas que encuentran de pronto un pozo de agua limpia tras días de sed y fatiga, y pronto nos acostumbramos a compartir tabaco y pupitre, la oscuridad del cuarto oscuro y, en ocasiones, algún que otro abrazo que sabía a hogar. Abrazos que recordaban a una normalidad que por entonces, a los dos, se nos antojaba lejana. Cualquiera hubiera estado de acuerdo en afirmar que estábamos perdidos, pero quién no lo está a los diecinueve años. Nos sentíamos perdidos, sí, pero recuerdo que fumando juntos, tirados sobre aquella acera, nos volvíamos a encontrar en algún punto indeterminado entre lo que está bien y lo que está mal.

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Estaba literalmente escrito que no era el momento ni la manera y, probablemente, tú fuiste el primero en darte cuenta. Te marchaste y fui la última en reaccionar.

Casi sin querer, pasaron los años. Maduraste lejos de mí, crecí lejos de ti. Lo pase bien, lo pasé mal, lo pasé sin más. Sobreviví pese a todos y gracias a otros, y en el peor momento, como atraído por el olor que arrastra una tormenta, apareciste de nuevo tú. Siempre tú. Con tu metro noventa y la mirada curtida, pero ya sin ojeras, volviste dispuesto a hacer magia con tu sonrisa como punto de eje.

Nos prometimos no ponerle nombre a lo que empezaba a fraguarse entre tus pupilas y las mías, protagonistas siempre del escenario en el que se convirtió tu cama. Nos prometimos que no contaríamos los días ni los años, que celebraríamos habernos re-encontrado cada día. Te prometí que nunca sería tuya. Me prometiste que nunca serías mío. Nos prometimos nunca hacernos daño.

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Ya ha pasado mucho tiempo desde aquellos días pero, indefectiblemente, el último post del año es para ti. Porque me sigues fascinando e intrigando a partes iguales, porque luchas por mí aunque no lo necesite, porque eres la mejor persona que he tenido la suerte de conocer en mi vida.

Porque si tuviera la oportunidad de volver a re-encontrarte, lo haría sin dudar.DSC09547.JPG

Te puto quiero, lo sabes, lo sé.

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