En el siglo XIV, los médicos de la peste negra llevaban una máscara protectora, muy característica, con un largo pico a través del que se filtraba, con paja y hierbas aromáticas, el aire para evitar el contagio del médico. A lo largo del tiempo hemos podido ver ese tipo de máscaras (…) en películas de terror, pinturas y obras de arte de toda índole. Esa máscara significaba vida para el médico, muerte para quien la observase, y miedo para quienes eso de la peste negra no es más que una historia siniestra más de la vieja Europa.

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Para nuestra sociedad, una máscara suele implicar algún evento festivo como carnaval o halloween. Ya no las asociamos a la muerte. Pero no hablemos solo de las máscaras que se pueden poner físicamente en la cara.

Existen varias cualidades que hacen que una máscara cualquiera se convierta en una máscara excepcional. La máscara perfecta encajará a la perfección sobre nuestro rostro, adaptándose a nuestras facciones y amoldándose a cada uno de nuestros gestos, por extraños que puedan resultar a veces. La máscara perfecta también irá a juego con nuestro disfraz, completando con idoneidad nuestro atuendo que, según la necesidad del momento, será más o menos llamativo. Pero sea como sea, la máscara perfecta será esa que cumpla en cada momento, y sin que apenas se note el esfuerzo, su función social: el camuflaje de supervivencia.

Cada uno de nosotros tenemos decenas de esas máscaras. Nos las ponemos y quitamos día tras día: para ir a trabajar, para estar con la familia, para interactuar en redes sociales… Y es que estas, son siempre las más interesantes de retratar con nuestras historias y con nuestras ilustraciones.

Todos los relatos presentes en este nuevo número de Revista Argonautas, así como el arte que los acompañan, las reflejan a la perfección, así que elige la tuya y sal a bailar.

Argonautas #11

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