Si cada escritor es un mundo, entonces la escritura es una galaxia cuya extensión, prácticamente infinita, está repleta de asteroides y artefactos que, en ocasiones, dificultan nuestro viaje como escritor a lo largo y ancho de dicha galaxia.

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Una de las cosas que más nos obstaculizan a la hora de escribir, son esos tan extendidos mitos que nos condicionan y exigen, asfixiando nuestras capacidades y motivaciones.

1 – Sin tiempo no hacemos nada

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Quien dice que el tiempo resulta un factor determinante para escribir o no escribir, miente. El tiempo no puede ser, ni es, una excusa. Y que nadie te convenza de lo contrario, ni siquiera tú mismo. ¿Que solo dispones de dos horas al día de tranquilidad entre trabajo o estudios y quehaceres? Proponte vencer a la pereza y escribir al menos durante media hora al día. ¿Que ni siquiera dispones siempre de esas dos horas? Lleva siempre un cuaderno o libreta encima –el móvil, incluso– y aprovecha los trayectos en transporte público, descansos y esperas para escribir.

Nadie te pide que escribas un relato de premio al día. Nadie te exige que lo primero que vaya a salir de tu cabeza sea un argumento de cine. Relájate y escribe. Con ello, y sea cual sea la extensión de lo que escribas, bastará para comenzar a desarrollar tus capacidades creativas y narrativas.

A menudo nos autoengañamos diciéndonos que sin dedicarnos en cuerpo y alma a la escritura, nunca escribiremos nada bueno. Pero lo cierto es que todo es ponerse, y que si no nos ponemos nunca por culpa de esa sensación de falta de tiempo, nunca llegará el día en que realmente podamos dedicarnos a escribir en cuerpo y alma.

2 – Sin una buena idea, más de lo mismo

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Hay quien dice que una buena idea lo es todo, y aunque es cierto que una idea poderosa nos facilita enormemente el trabajo, no debemos olvidar que una idea no deja de ser eso, un simple concepto.

En mi opinión, sobrevaloramos el poder o la fuerza de las ideas y nos excusamos ante la falta de ellas. ¿Cuántos best seller se basan en el mismo concepto? Miles. ¿Son por ello todos iguales? ¿Resulta menos originales? En absoluto. Y es que mucho más importante que la idea, es el desarrollo de la misma. Para ahondar en el tema y reflexionar un poco sobre él, te recomiendo un artículo que mi querido Jaume Vicent escribió para Revista Argonautas sobre la copia de ideas. No tiene desperdicio alguno.

Por otro lado, si nos sentamos a esperar que la idea del siglo caiga del cielo y nos ilumine con su presencia, lo llevamos claro.

Si no tenemos cierto hábito de escritura o no disponemos de recursos creativos, será harto complicado que las ideas fluyan como nos gustaría. Disparadores creativos, esquemas conceptuales, escritura terapéutica o brain storming, son solo algunos de los recursos de los que podemos tirar cuando nos encontramos faltos de ideas.  Una de las herramientas que más utilizo en mi día a día, es la música. Suelo partir del verso de alguna canción que haya oído últimamente o cuya historia me cautive y de esta forma, como la idea viene ya dada, lo único que tengo que hacer es dejar que corra la imaginación, ideando un mundo, unos personajes o un diálogo a su alrededor.

Si además, como mencionaba en el punto anterior, escribes en un cuaderno cómo y cuándo sea, siempre tendrás tus propias ideas a mano.

3 –  Un escritor debería escribir sobre lo que conoce

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Salir de nuestra zona de confort y con ello, investigar y aprender sobre lo que no conocemos, no solo es sano y recomendable, sino también necesario.  Por supuesto, no quiero decir que nos pongamos a escribir un relato sobre el acelerador de partículas suizo si no tenemos ni pajolera idea de física cuántica, pero siguiendo el ejemplo, si crees que lo tuyo es la novela romántica, ¿por qué no trasladar a los mismos personajes a un escenario completamente nuevo e inesperado como podría ser una estación espacial? De esta forma, seguirías en tu terreno, pero te abrirías paso por un género totalmente inexplorado que, con toda seguridad, conseguirá que se abran puertas a rincones de tu cabeza que jamás habrías soñado de otro modo.


Y dicho todo esto, ¿nos ponemos a escribir?

🙂

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