Escribir siempre supone un reto; una suerte de aventura que comienza cada vez que abrimos el procesador de textos y nos sentamos ante el teclado y que no acaba hasta que llegamos a la meta, ya sea conseguir cerrar el texto o dar un punto y aparte que nos permita hacer un alto en el camino.

Tal como no se nos ocurriría salir a escalar por los Picos de Europa sin agua, alimento o calzado adecuado, tampoco deberíamos plantearnos escribir sin rodearnos de ciertos elementos que nos ayudarán en la travesía.

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1. Diccionarios

Sin peros, sin excusas. La duda es despiadada y ataca cuando menos lo esperamos. Por ello, al lado del ordenador o del cuaderno o folios sobre los que vayamos a plasmar nuestras palabras –o abierto en el navegador–, debería haber siempre un diccionario. O mejor aún, un par: el Diccionario de la RAE y su compañero indispensable, el Diccionario Panhispánico de Dudas.

2. Conexión a internet

No solo para consultar dudas ortográficas y gramaticales, sino para ayudarnos con ese trabajo tan ingrato y que tan a menudo pasa desapercibido como es el de la documentación. Tu protagonista sostiene una pistola en la mano, ¿pero qué modelo? ¿Qué calibre? ¡Búscalo! Has utilizado la palabra “soberano” por lo menos doce veces en un texto de 500 palabras. Necesitas sinónimos con urgencia. ¡Búscalos!

3. Bebida

Abstenerse bebidas alcohólicas. A Bukowski no le fue mal, es cierto, pero: 1; No somos Bukowski y 2; Cuando hablamos del viejo Charles, solemos obviar las palizas de edición y corrección que se metía a medio día cuando estaba sobrio.

En cualquier caso, como no solo de letras y fantasías vive el hombre, habremos de procurarnos un refrigerio a base de agua y café o té durante nuestras sesiones de escrituras. Aumentará nuestra concentración y nos mantendrá hidratados –sí, hidratados, nadie escribe a gusto con la lengua hecha un cartón–.

4. Una ventana

Escribir junto a una ventana o cerca de ella, es mucho más beneficioso de lo que a priori pueda parecer. Se ha demostrado que las distracciones –controladas–, nos ayudan, igual que las bebidas con cafeína, a mantener la concentración durante sesiones más largas de trabajo. Además de cierta evasión, la ventana nos garantizará la ventilación de la habitación, punto clave si pensamos encerrarnos frente al ordenador durante horas.

5. Música

Nietzsche decía que la vida sin música, sería un error. Con escribir pasa algo parecido. No quiero decir que no podamos escribir sin música, de hecho, muchos escritores prefieren hacerlo envueltos en un silencio sepulcral, pero sí es cierto que la elección de la música adecuada nos será de gran ayuda. Sobre todo, en esos días en los que no nos sentimos del todo inspirados o en los que el sonido ambiente –vecinos, pájaros, coches, etc.–, se convierte en ruido.


¿De qué cosas te rodeas tú cuando escribes?

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