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Hace un par de días, mientras leía el post Un montón de tonterías sobre escribir, del escritor y copy Jaume Vicent, me di cuenta de una gran verdad a la que hacía referencia en su artículo, en el que nos habla de cosas muy básicas sobre la escritura pero en las que, quizá, nunca hayamos reparado. Uno de los puntos, rezaba así:

¿Estás bloqueado? ¿No puedes avanzar? ¿Sufres de bloqueo del escritor? ¡Pues sáltate esa parte tan aburrida que estás escribiendo! Nadie te ha dicho que tengas que escribir tu historia en orden, lo importante es que las piezas encajen, el orden es lo de menos.

No sé vosotros, pero yo siempre he sido muy cuadriculada en ciertos aspectos de mi vida y, contándose la escritura entre ellos, cada vez que me ponía manos a la obra, con cualquier tipo de texto, lo hacía de forma muy meticulosa.

Solía comenzar desarrollando la idea y esbozando a los personajes principales para después elaborar fichas más detalladas de los mismos que, por otra parte, es lo que más me gusta de todo el proceso previo a la escritura. Una vez hecho esto, me ponía a elaborar y desgranar la trama y subtramas, es decir: planificaba mi historia. Para ello, utilizaba escaletas que componía a partir de proto-escaletas, más propias del lenguaje cinematográfico que del literario, pero que siempre me han funcionado mejor que cualquier otra cosa. Hasta aquí todo bien, porque como os digo, soy bastante cuadriculada y por tanto, el proceso previo a la escritura, a menudo me resulta tanto o más placentero que la escritura per se. El problema llegaba cuando, con mi escaleta delante, me imponía a mí misma un orden de ejecución de escenas y pasajes que lo único que conseguía en la mayoría de ocasiones era frustrarme y hacer que quisiera tirar el ordenador por la ventana.

Para no volverse loco

El otro día, en el blog de Revista Argonautas, hablábamos de algunas soluciones para evitar bloqueos y por consiguiente, para evitar perder la cordura —un tema bastante delicado para la mayoría de escritores—. Y es que si algo me han enseñado los años en este mundillo, los textos arrojados a la papelera, las pataletas y los atracones a Nocilla, es que las imposiciones no son sanas.

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Lo decía Jaume Vicent en su post y os lo digo yo ahora: nadie nos obliga a escribir nuestra historia en orden.

A día de hoy, me encuentro inmersa en la escritura de una nueva obra de teatro, una comedia de enredo costumbrista y coral con la que estoy disfrutando más de lo que había hecho con ninguna otra. ¿Por qué? Porque me estoy dejando sorprender. Porque, una vez desarrollada la idea y elaborada la escaleta, no empecé a escribir por el principio, sino por donde me apetecía.

Aun consciente de que durante el proceso de escritura puedan sufrir modificaciones varias, empecé por escribir los puntos de giro: el primero (que desembocará en el segundo acto) y el segundo (que desembocará en el tercero), de forma que pude ver más que claro, cristalino, quién intervenía y cómo en cada uno de ellos y lo que necesitaban para llegar hasta ahí. Además, al tener ya escritos dos de los tres momentos dramáticos más álgidos del texto, ahora me muero de ganas por construir el resto de la historia, por hacer que los personajes conversen y evolucionen, transformándose hasta perder los papeles y permitiéndoles llegar hasta donde yo quiero y ellos necesitan. Porque, sí, este es otro punto muy importante que a menudo subestimamos; nuestro propio interés en la historia.

Así pues, desde la experiencia –tanto la mía como la de Jaume–, creo que lo mejor para no volverse loco escribiendo es disfrutar de cada paso, venga como venga, y no ponernos más imposiciones y trabas en el camino de las que ya de por sí esta profesión tiene.

🙂

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