Cuando una puerta se cierra, otra se abre. No hay mal que por bien no venga. C’est la vie.

Todas ellas frases hechas y no por ello menos ciertas. Fragmentos de diálogos que animan a aceptar las cosas como vienen. Sentencias que proponen aceptar el cambio sin dramas de por medio.

Y que así sea.

Con el cierre de Argonautas parecía –al menos de puertas a fuera– que todo se derrumbaba, que el mundo se venía abajo y que qué pena todo.

Pero, en fin… O mejor dicho, en principio.

Porque igual que para que un jardín florezca hay que cortar las malas hierbas, para que algo nazca, otras cosas han de morir antes. Y todo esto sin olvidar que la energía no se destruye, solo se transforma.

Y ya no son frases hechas, sino topicazos si queréis, pero verdades como puños. Metafóricos, no de los que duelen, pero que no por ello dejan de cortar la respiración.

¿Y todo esto a qué viene? Pues a todo y a nada. Qué puedo deciros que no sepáis ya de la vida o que no vayáis a aprender en dos días. Que todo lo bueno se acaba, y que no hay mal que dure eternamente.

Lo que sí os digo es una cosa, y me gustaría dejarla bien clara: que la vida son dos días y no pienso pasarlos sentada.

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