El verano se me ha ido de las manos. Literalmente.

Lo tuve al alcance de la mano, casi llegué a rozarlo y, cuando pensaba que por fin podría tocarlo, se me escurrió sin más entre los dedos.

Hace un par de meses, me prometí a mí misma hacer una pausa. Me gustaría poder decir que sí, que lo conseguí; que he descansado, he disfrutado y he desfasado como en “los buenos tiempos”. Pero lo cierto es que la promesa no duró más que lo que tardó en salir la palabra «pausa» de mis labios.

Pero en fin, qué le vamos a hacer si al final el verano para mí este año tampoco ha existido más allá del sonido del ventilador, una semana zen en Asturias y cuatro maravillosos días en el Sonorama. Qué más da.

Lo importante es que sigo aquí. Que septiembre todavía no está, pero que se le espera con ansias. Que los proyectos y las ideas no dejan de brotar.

 

 

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