Solo tú y yo sabemos lo mucho que brilla Madrid cuando está desierto,

cuando las farolas brillan y el ánimo acompaña,

cuando las luces de los coches se apagan y ya nadie se molestan en frenar,

cuando la hora, bruja, desdibuja el futuro

y nuestras bocas se lo juegan todo a atrevimiento o verdad.

Solo tú y yo sabemos lo que significa morir de amor,

derretirse en un “hola” y sumergirse en el adiós,

volverse loco de repente,

porque ya no se pueden robar más horas al reloj.

Solo tú, funambulista,

entiendes la belleza que hay en el precipicio,

Solo tú, soñador,

sabes cómo hacer para no volver la vista,

cómo encontrar paz en medio de mi huracán.

Y solo yo, viento,

entiendo el mapa de tu rostro,

los caminos que dibujan en cualquier dirección.

Solo yo, brisa,

sé que las pestañas que se caen,

no son sueños sino devoción.

Solo tú y yo sabemos

que en el momento menos pensado,

seguiré estando,

seguiras pensando,

que como yo no hay dos,

que sin tú no hay yo.

Solo tú. Solo yo.

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