Tenemos que hablar, con calma. Mirarnos a la cara y averiguar qué está pasando. Hacer de tripas corazón e intentar salir del paso.

Hace tanto tiempo que no escribo por amor que creo ya no sé cómo hacerlo. Y cuando digo “amor”, no hablo de un amor romántico, sino de otro tipo. Uno más amplio y profundo si cabe; escribir por amor al arte, por una misma, por el papel en blanco y el pilot negro. De eso hablo y eso es lo que quiero. Y sí, lo confieso, tengo miedo, pero sé que en el fondo me entiendes y sientes lo mismo.

Dicen que lo que tiene precio se compra y lo que tiene valor se gana. ¿Pero acaso es tan grande la diferencia? Ya no lo tengo tan claro ni lo doy por cierto. Porque cuando escribes por dinero, por compromiso (con el dinero) y para terceros (por dinero), no queda lugar ni tiempo para el romanticismo.

Y no, no estoy rompiendo contigo, pero reconozcámonos al menos que esto ya no es divertido, que se ha convertido en rutina, que el placer lleva tiempo bien lejos, escondido, y que la cama cada vez está más fría.

Tenemos que hablar y decirnos las cosas a la cara. Escupir y tragar. Volver a confiar.

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