Todo el mundo sabe lo que es una golondrina pero, curiosamente, muy poca gente sabe lo que es un vencejo y no son pocos los que los confunden con las primeras. Entre este grupo de personas me contaba yo misma hasta el verano pasado, en el que un día de julio, mi chico me escribió para decirme que había recogido a un pajarito negro muy pequeño en una plaza cerca de Goya, que no sabía qué hacer con él, pero que no pensaba dejarlo allí tirado. Así que, mientras yo buscaba un veterinario que le pillara cerca donde pudiera llevarlo para comprobar su estado, él se fue a trabajar con el pajarito a cuestas.Toothless 2

Hasta siempre, Toothless

La veterinaria nos contó más tarde que el pequeño era un bebé vencejo, que no podía volar porque no tenía la cola ni las alas desarrolladas y que sufría un golpe de calor. Nos dio una jeringuilla para darle de beber, y algo de comida por si veíamos que se animaba. Le llamamos Toothless y vivió con nosotros casi tres días hasta que descubrimos un centro de recuperación de aves increíble y comprendimos que, por mucho cariño que le estuviéramos cogiendo, llevarle allí era lo mejor que podíamos hacer por él.

Este centro, al que por desgracia seguimos acudiendo con cierta regularidad, es GREFA (Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su hábitat); una ONG fundada en 1981 para el estudio y la conservación de la naturaleza. Si quieres saber más sobre ellos, pincha aquí.

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El segundo y el tercero

Semanas después, fui yo la que se encontró con otro polluelo de vencejo, mucho más pequeño que el primero, inmóvil y asustado, apretujado contra una pared y boqueando. Para entonces, ya había investigado un poco sobre estos peculiares pájaros y ya sabía que los vencejos pasan el 95% de su vida en el aire, que solo se apoyan sobre algo sólido para anidar (¡incluso comen y duermen en el aire!) y que el calor les sienta fatal, sobre todo a los más pequeños. Lo llevé a casa, le di toda el agua que aceptó y lo llevé a GREFA también.

Para mi sorpresa, no tardé ni tres dias en encontrar a la siguiente víctima de la ola de calor; otro vencejo al que, igualmente, traje a casa, hidraté y llevé a GREFA.

Casualidades con alas

Hace unos días, en plena ola de calor, me levanté acordándome de ellos y deseando que no durara demasiado el estatus desértico del clima, deseando no encontrar a ningún pajarito más en el suelo. Las casualidades de la vida quisieron que justo mientras pensaba en Tothless y apuraba el café, mi madre llamara a la puerta diciendo: «mira lo que he encontrado». Y sí, era justo lo que imagináis; entre sus manos, tiritaba un nuevo polluelo de ojos enormes y pico chato y afilado. Maldije. Y pasé la mañana trabajando junto al vencejo, mientras le daba agua con azúcar (sí, con azúcar, luego os cuento por qué), hasta que pudimos acercarnos a GREFA.

¿Y por qué  suelto todo este rollo? Bueno, lo suelto porque me parece importante, sobre todo. Pero lo escribo también porque sé, que por mucho que desee que no haga calor, es difícil que no pase en verano. Soy consciente de que en estos meses, más de uno de vosotros os encontraréis con algún vencejo tirado en la calle. También sé que muchos no os atreveréis a recogerlo, no porque seáis horribles personas, sino porque no sabréis qué hacer con él, cómo ni cuándo. Así que, esperando que mi experiencia os anime a actuar, esperando que podamos salvar, aunque sea una vida más, os cuento cómo actuar en caso de que os convirtáis en increíbles rescatadores de vencejos 🙂

Manual del perfecto rescatador de vencejos urbano

En primer lugar, quiero aseguraros que no os van a dar apenas trabajo y que, por si os lo preguntáis, no; ni son agresivos ni os van a pegar nada de nada. Así que venga, ¡agachaos y recoged a ese polluelo!

  1. Una vez hayáis llevado a casa al pájaro, tendréis que procurarle un hogar provisional. Lo ideal es una caja de cartón con espacio y altura suficientes como para que pueda moverse si quiere hacerlo, pero sin opción a que pueda trepar, salir y hacerse daño. Adicionalmente, si lo vais a tener en la caja más de una mañana o una tarde, podéis ponerle un trozo de venda enganchado a una de las esquinas de la caja para que se entretenga; ¡les encanta trepar! Eso sí, con cuidado de colocarla de forma que no pueda salir.
  2. Es conveniente que, en el fondo, coloquéis papeles de cocina o baño para que el vencejo este más cómodo y para que si hace sus necesidades, podáis retirarlas en seguida. Esto último es muy importante, ya que si se ensucia las alas, no podrá volar.
  3. Mientras tengáis en casa al pequeño, tendréis que ayudarle a hidratarse. Lo mejor es agua con azúcar (que le aportará glucosa y otros nutrientes). Si no tenéis jeringuilla, en la mayoría de farmacia no os cobrarán ni 2€ por una nuevecita.
  4. A la hora de darle de beber, es importante que lo hagáis con cuidado. Nada de abrirle el pico ni forzarle, tampoco vale introducirle la jeringa hasta el estómago. Podríais provocarle problemas respiratorios muy serios. La forma correcta de darle de beber es colocando la jeringuilla en la comisura del pico y esperar. En cuanto el polluelo note que lo que tiene al lado del pico es agua, lo abrirá y beberá sin miedo, como si le diera de comer su mamá.
  5. Hecho esto, lo suyo sería contactar con GREFA o dirigiros allí directamente si sois de Madrid. Si no, echad mano del amigo Google para encontrar otro centro de recuperación. Una vez estéis en el centro, dejareis al animal y, al menos en GREFA, tendréis que rellenar una ficha de inscripción con datos relativos a las condiciones que lo habéis encontrado y demás. Entonces le asignarán un número y con eso y el papelito que os dan, podréis interesaros libremente por su estado y quedaros tranquilos imaginando al pequeñajo interactuando con otros de su especie y emprendiendo, por fin, un vuelo que durará toda su vida.


Y creo que, anécdotas aparte, eso es todo. Si tenéis más dudas, preguntadme con toda tranquilidad… ¡O mejor! Poneos en contacto con los profesionales del centro de recuperación de aves más cercano.

🙂

Os dejo con este post tan bonito que he encontrado sobre los vencejos, escrito por Antonio Pérez Hernandez, escritor, periodista y amante de la naturaleza.

El primer vencejo me alegra el corazón todos los años.Porque todo en el vencejo es aéreo. Vive y muere en el aire. Lo único que hace apoyado en algo sólido, que no en tierra, es nacer y echar las plumas. Luego el vencejo ya es, y para siempre, del viento.

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